Fue como al pasar, la última vez que el presidente Alberto Fernández dio una conferencia de prensa para anunciar una extensión de la cuarentena, el 12 de agosto. El siguiente anuncio consistió en un breve mensaje por redes sociales. Pero aquella vez, en vivo, mientras señalaba sus filminas, mostró que en realidad los muertos que se conocían cada día en la Argentina no eran los que realmente había. Lo que no dijo fue de cuánto era esa diferencia. Según el parte oficial, el país acaba de sobrepasar este miércoles los 9.000 muertos por coronavirus. Pero no se sabe cuántos hay.

Para graficarlo basta con decir que hubo días, en aquellos tiempos germinales de la cuarentena en Argentina, en que los muertos reales eran entre el doble y hasta el triple de los que se informaba. Por ejemplo, el 1° de mayo se difundieron 7 y hubo 20. El 29 de mayo hubo 21 y se dio cuenta de 12. Más entrada la curva, el 27 de junio, se conocieron 23 y terminó por haber 61.

Esto no significa que haya existido un ocultamiento de información o un intento de manipularla. No necesariamente. La explicación que las autoridades vienen dando es que las jurisdicciones demoran en cargar los datos de los muertos en la base. La Ciudad de Buenos Aires, uno de los principales “aportantes” de muertes y casos, respondió que ellos no entregan sus datos con delay. Esa situación se daría sobre todo con las provincias del Interior, la parte del país con menor peso en la curva, lo que redobla el interrogante.

Porque el desfase fue caudaloso. Hasta el 8 de agosto llegó a acumularse 1.606 muertes que no habían sido informadas. Esto quiere decir que cuando los argentinos creían que había un total de 4.606 muertos, en realidad había 6.212, lo que representa un 34 por ciento más.

Esta diferencia impacta también en una de las virtudes siempre destacadas como un fuerte del país, en comparación con otros: la tasa de letalidad. Con las cifras consolidadas, ese índice en realidad no era de 1,87 por ciento como se desprendía de los partes oficiales del 8 de agosto, sino de 2,43. A esa altura de la crisis sanitaria también se llegó al pico de subinformación de contagios: se daba cuenta de 241 mil y había 255 mil.

la deformación no terminó ahí, sino que durante los siguientes 22 días, hasta el presente, cada parte cotidiano sigue desafinando en el dueto que forma con la base de datos. Ahora la situación se da a la inversa. Los partes empezaron a recuperar muertes no informadas previamente, lo que suele abultar las cifras al final del día.

Fue el caso del 24 de agosto, cuando se registró un “récord” de 382 muertes en un día. En realidad hubo 155. Es probable que las cifras de las últimas tres semanas aún no estén cerradas en la base de datos (sobre todo las de las últimas dos) y sigan sumando todavía algunas muertes más. Llegado el momento serán cargadas con la fecha del deceso, pero informadas en el parte del día.

El verdadero récord de muertes hasta ahora fue el 2 de agosto, con 158. Paradójicamente, ese día se informaron 106 muertes menos, es decir, apenas 52. Era domingo. En el rubro de los contagios también existen estas deformaciones: el supuesto récord del 28 de agosto, con 11.717 casos, tiene en la base de datos un correlato de 9.043. El día con más casos registrados, según la base oficial, fue el 27 de agosto, con 10.155.

 

Por Pablo Sigal

Fuente: clarin.com