El juicio de extradición de Julian Assange enfocó su sexta jornada de audiencias en la publicación en internet, entre agosto y septiembre de 2011, de cables diplomáticos del Departamento de Estado, que desvelaron la identidad de colaboradores y confidentes de EEUU.

La defensa del fundador de WikiLeaks trazó un paralelismo entre dos de las filtraciones de informes confidenciales estadounidenses más relevantes de las últimas décadas. Enlazó la publicación de los llamados “Papeles del Pentágono” en The New York Times y The Washington Post, en 1971, con las revelaciones subidas al portal informativo, en 2010 y 2011, a partir de testimonios de protagonistas de ambos eventos, a los que citó por videoconferencia este miércoles 16.

Interés público

Por una parte, en conexión desde California, prestó declaración Daniel Ellsberg, exanalista del Departamento de Defensa estadounidense y cofundador de la Fundación de Libertad de Prensa (FPF, en sus siglas en inglés). El exempleado del Pentágono copió, en 1969, “7.000 páginas de documentos ‘top secret’ de la guerra de Vietnam”, separó los centrados en las negociaciones de paz y filtró los restantes a diecisiete medios de comunicación”, según corroboró en la causa que preside la magistrada Vanessa Baraitser en Londres.

“Yo no tuve un juicio justo. Julian Assange tampoco lo puede tener bajo la ley de Espionaje”, señaló. Ellsberg explicó cómo se sintió “identificado” con la ahora exanalista Chelsea Manning, que arriesgó su libertad y su carrera desviando hasta WikiLeaks el contenido de varias bases de datos militares y diplomáticas. “Son de máxima importancia para el público. Al igual que los Papeles del Pentágono, tienen la capacidad de informar al público de las falsedades y la desinformación sobre la guerra y tienen la capacidad de cambiar la política”, observó el veterano en filtraciones políticas.

 

Por la mañana testificó John Goetz, redactor jefe en investigaciones de la televisión estatal alemana NDR. De origen estadounidense y ubicado desde hace tiempo en Berlín, el reportero trabajaba en Der Spiegel cuando este y otros periódicos internacionales colaboraron con Assange en la publicación de los documentos filtrados por Manning.

Revisión del material

Goetz hizo referencia a la “insistencia” del patrón de WikiLeaks en asegurar las comunicaciones y proteger la identidad de individuos mencionados en el preciado material. “Le preocupaba mucho el aspecto técnico de cómo entresacar los nombres en esta masiva colección de documentos”, recordó el periodista.

Assange, según su testimonio, impuso un sistema de “minimización de daños”, con un “riguroso proceso de revisión” del contenido de los ficheros, para “proteger a gente inocente” mencionada en las comunicaciones del Departamento de Estado.

 

Tres de los 18 cargos imputados a Assange se refieren a la publicación en WikiLeaks de “133.887 cables” diplomáticos con nombres y apellidos de colaboradores de Washington. Quedaron expuestos y en “peligro de sufrir graves daños” nacionales de Siria, Irak, Turquía, Etiopía y China, entre otros muchos países, según alegó el representante legal de EEUU, James Lewis.

Sin pruebas

Es una insinuación que ha lanzado en previas ocasiones desde la apertura del juicio —con una primera parte celebrada en febrero y esta segunda prevista de prolongarse durante cuatro semanas— y que provoca airadas reacciones de Assange.

“Nadie ha muerto”, gritó desde la zona recluida de los acusados. “Con una artimaña retórica, el abogado fiscal está sugiriendo que arriesgué la vida de otros. Eso debe corregirse inmediatamente. El daño que me causa es irreparable”, protestó sin obedecer a la jueza, que le pedía silencio, de acuerdo con fuentes próximas a WikiLeaks.

 

No se permite a los imputados hablar directamente a la corte. Pero el reclamado por la Justicia de EEUU perdió la paciencia cuando Lewis interrumpió el testimonio del veterano del Pentágono en la cuestión referente al posible daño causado a los confidentes extranjeros.

“El Gobierno (estadounidense) me resulta extremadamente cínico al pretender que se preocupa por estas personas con su trayectoria en la región. Parece que nadie corrió un riesgo grave dada la falta de evidencias al respecto en nueve años”, criticó Ellsberg.

Ambos testigos resaltaron la ausencia de pruebas, indicios o noticias sobre personas que han muerto o desaparecido como consecuencia de las filtraciones volcadas en la plataforma digital. Así, Goetz rechazó la versión adelantada por el abogado fiscal de que “Assange descargó todo lo que tenía en la web de WikiLeaks” y “puso en peligro” a los individuos mencionados en los cables diplomáticos.

Se adelantan otros medios

Lewis remontó la publicación de los comprometidos mensajes al “25 de agosto de 2011”, es decir, “una semana antes” de su aparición en otros medios digitales, lo cual fue refutado por el experiodista del Spiegel. “Creo que esa fecha no es correcta”, puntualizó.

Goetz explicó a continuación la “serie de eventos” que desencadenó la divulgación de la versión íntegra de los cables en sitios de internet, incluido el reputado Cryptome, antes de que aparecieran en WikiLeaks. “WikiLeaks volvió a publicar lo que Cryptome había publicado”, reiteró.

 

El reportero recordó además que la palabra clave para acceder al fichero encriptado de los cables se había desvelado seis meses antes. Se reprodujo, en febrero de 2011, en el libro WikiLeaks: Inside Julian Assange’s War on Secrecy (“WikiLeaks y Assange”, en su edición traducida al castellano), de los periodistas de The Guardian, David Leigh y Luke Harding.

Fue la pista que, según el testigo, permitió a Cryptome publicar los documentos que ahora centran los cargos por divulgación de información. No son los únicos que Assange afronta si es extraditado a EEUU. Junto a esas tres imputaciones, se le acusa de un supuesto delito de “conspiración para cometer intrusión informática” y catorce cargos adicionales por infringir la ley de Espionaje. Son penables con hasta 175 años en prisión.

 

Por Lourdes Gómez

Fuente: sputniknews.com