La filtración de los llamados FinCEN Files ha vuelto a poner a varios de los principales bancos del mundo bajo la lupa por su rol en el lavado de dinero.

Los archivos incluyen miles de “reportes de actividades sospechosas” elaborados por los mismos bancos para la Red de Control de Delitos Financieros del Departamento del Tesoro de Estados Unidos (FinCEN, por sus siglas en inglés).

 

En esta se pueden encontrar los nombres de criminales notorios –como Semion Mogilevich, el ‘Patrón’ de la mafia rusa– o de estafadores de las finanzas de alto perfil –como Jho Low, el fugitivo malasio y cerebro del fraude planetario 1MDB–, de asociados a instituciones financieras de primer nivel como JP Morgan Chase, Deutsche Bank, Standard Chartered, Bank of New York Mellon o incluso de HSBC.

2.100 “reportes de actividades sospechosas”

“Este caso confirma las múltiples sospechas que podíamos tener sobre el rol de los grandes bancos en el lavado de dinero y añade un lujo de detalles sorprendentes”, afirma Markus Meinzer, experto en redes internacionales de fraude fiscal para la ONG Tax Justice Network, contactado por France 24.

FinCen Files o cómo los bancos ganan y quedan impunes ante el blanqueo de dinero

(Por Sébastian Seibt)

Estas revelaciones muestran, por ejemplo, cómo el banco HSBC siguió aceptando realizar transferencias sospechosas vinculadas a ciudadanos rusos bajo sospecha de corrupción, aún a pesar de haber sido multado en 2012, por haber blanqueado cientos de millones de dólares provenientes de cárteles de droga sudamericanos.

La investigación también sugiere que el banco JP Morgan Chase no aprendió de sus errores de principios del año 2000, con el estafador financiero Bernie Madoff, porque después de eso no parece haber realizado investigaciones más a fondo sobre algunos de sus clientes más dudosos. Así, entre 2010 y 2015, aprobó más de 1.000 millones de dólares en transacciones de una pequeña estructura de Chipre, ABSI, que en realidad servía para blanquear una parte del botín del mafioso ruso Semion Mogilevich, una de las diez personas más buscadas por el FBI.

Todas estas informaciones provienen de más de 2.100 “Reportes de Actividades Sospechosas” (SAR), obtenidos por Buzzfeed. Se trata de alertas lanzadas por los controladores internos de los bancos, sobre cuentas o transacciones que podrían servir o estar blanqueando dinero. Las instituciones financieras deben luego transmitir estos documentos a la Red de Control de Delitos Financieros o FinCEN (Financial Crime Enforcement Network), que es la autoridad estadounidense en la lucha contra la criminalidad de guante blanco. De ahí, el nombre de este nuevo escándalo, FinCEN Files.

Botas, lencerías y muchas sospechas

Más allá del inventario diverso de los incumplimientos de HSBC, Deutsche Bank o JP Morgan en la lucha contra el blanqueamiento de dinero, este asunto revela sobre todo “los límites del sistema de los ‘SAR'”, considera Meinzer. Una vez que el documento ha sido transmitido a la FinCEN, los bancos no están obligados a prohibir la transacción.

“Se sirven de esos reportes de actividades sospechosas para lavarse las manos de las consecuencias de las transacciones que a pesar de todo autorizan”, se lamenta este especialista del fraude fiscal internacional. En más del 50% de los casos, los bancos no bloquearon estas operaciones dudosas, según Buzzfeed.

Y, sin embargo, algunas de esas transacciones aprobadas presentaban todas las claves del esfuerzo de un blanqueamiento. Es el caso particular de NoviRex, una extraña empresa de pequeños electrodomésticos, abierta en 2010 en Londres. Rápidamente empezó a pagarle facturas de varios cientos de miles de dólares a diversas empresas ubicadas en paraísos fiscales, por supuestas compras que tenían muy poco que ver con el corazón de su negocio: 200.000 dólares en lencería o 400.000 dólares en botas de mujer.

Pese a todo, JP Morgan aceptó a NoviRex como cliente. “Si yo fuera JP Morgan y me mostraran las cuentas de esta empresa, me parecería de inmediato terriblemente sospechoso”, valora Martin Woods, antiguo detective de la policía británica, especialista en crímenes financieros, entrevistado por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación.

En efecto, NoviRex reveló ser demasiado sospechosa como para ser honesta: la justicia estadounidense descubrió en 2017 que esta empresa era utilizada por el círculo del expresidente ucraniano Viktor Yanoukóvich, para blanquear dinero proveniente de la corrupción.

El ‘Uber’ del blanqueamiento de dinero

Estos grandes bancos prefieren cerrar los ojos porque esta actividad les representa mucho dinero. Para entender su interés financiero en este asunto, es necesario volver a su papel en el circuito financiero internacional. “Son los únicos en poder aprobar transferencias de fondos internacionales en dólares, lo cual es vital para los que quieren blanquear dinero”, detalla a France 24 Meinzer.

En un inicio, cuando un criminal quiere poner en un lugar seguro su ‘dinero sucio’, lo deposita en un pequeño banco local que no preste mucha atención al origen de sus fondos. Pero después, quiere que su fortuna esté realmente segura en una o varias cuentas en el extranjero, las llamadas cuentas ‘off-shore’. Para eso, hace falta pasar por un banco más importante que tenga acceso al mercado financiero estadounidense, por el cual pasa casi la totalidad de los flujos internacionales de capitales.

Los HSBC, Deutsche Bank y otros poseen ese precioso tesoro, y facturarán así jugosas comisiones al aprobar esas transacciones en dólares. Sirven entonces de intermediarios, un poco como un “Uber del blanqueamiento”. Son ellos quienes transportan el dinero hacia su destino final. No tienen por qué saber necesariamente que está sucio, pero tampoco hacen muchos esfuerzos por interesarse por su origen, y es lo que demuestra este nuevo escándalo.

El dinero que estos bancos ganan, gracias a movimientos sospechosos de fondos, vale cualquier regaño que a veces les puedan infligir las autoridades financieras. Les vale la pena. Así, en 2014, cuando JP Morgan tuvo que pagar 2.600 millones de dólares para saldar su rol en el caso Madoff, también registró unos 22.000 millones de dólares en ganancias, de las cuales una gran parte eran comisiones por transferencias internacionales, en base al ICIJ.

Estas nuevas revelaciones “prueban, una vez más, que las sanciones pecuniarias no desaniman a estos bancos de ser los cómplices pasivos de esta criminalidad internacional”, sentencia Markus Meinzer.

Para él esta sería la oportunidad soñada de hacer presión real sobre estos grandes bancos internacionales. “Sería necesario, además de los Reportes de Actividades Sospechosas, que estas instituciones tuvieran la obligación de comunicarle a las autoridades la identidad precisa de los clientes a quienes corresponden estas operaciones”, asegura. Con mucha frecuencia en los ‘SAR’ consultados por Buzzfeed, el banco afirma no haber podido identificar el verdadero beneficiario de las transacciones. Una obligación semejante los llevaría, quizás, a emprender más investigaciones exhaustivas sobre el origen de los fondos.

De esta manera les resultaría más difícil practicar la política del avestruz, ocultando la cabeza, y decir que no lo sabían. También sería necesario, en palabras de Meinzer, condenar a los banqueros a penas de cárcel “para mandar un mensaje claro”. Porque después de todo, recuerda, la ligereza de los controles bancarios sobre estos flujos ilícitos permite a los mafiosos financiar actividades que pueden matar a otras personas o a políticos corruptos dejar en la ruina a los países.

 

¿Qué hace la UE contra el lavado de dinero?

Grande es la indignación entre los expertos en política financiera del Parlamento Europeo. Tras la publicación de los documentos de FinCEN y las acusaciones contra diversos grandes bancos europeos de haber colaborado en el lavado de dinero, la europarlamentaria austriaca Evelyn Regner afirmó que queda en evidencia que los bancos ignoran sus propias reglas y eluden las leyes vigentes: “¿Cuántas revelaciones serán necesarias aún hasta que por fin cerremos el grifo de dinero a las redes criminales que operan a nivel internacional?”, planteó.

Markus Ferber, portavoz de política financiera de la bancada cristianodemócrata en el Parlamento Europeo, observa grandes carencias en la UE: “Quienes lavan dinero y sus cómplices se aprovechan de que los países miembros aplican tibiamente las reglas vigentes, no se coordinan entre sí y no existe un organismo supervisor europeo con verdadera potestad para intervenir”.

Leyes duras que no se aplican

La Unión Europea ha dictado ya cinco leyes contra el lavado de dinero. Estas han conducido, entre otras cosas, a que todos los países de la UE establecieran una “Unidad de Inteligencia Financiera” (FIU, por sus siglas en inglés), destinada a investigar transacciones sospechosas. En Alemania, el servicio de aduanas es el encargado de esa FIU. Pero, a juicio de la portavoz de política financiera de la bancada cristianodemócrata/cristianosocial en el Parlamento alemán, Antje Tillmann, no dispone de las competencias necesarias ni de suficiente personal.

Daniel Ferrie, portavoz de la Comisión de la UE, indicó con respecto a los documentos de FinCEN que el problema es conocido. Afirmó que la lucha contra el lavado de dinero tiene “alta prioridad” y que las reglas de la UE son en teoría “las más duras del mundo”, agregando que ahora hay que aplicarlas.

Ya en mayo, la Comisión Europea se quejó de que los países de la UE no llevan a la práctica seriamente sus compromisos derivados de las leyes contra el lavado de dinero. Por este motivo, se han abierto causas contra varios de ellos, por vulneración de los tratados de la UE. “Está claro que debemos ocuparnos de esa negligencia e imponer una aplicación armónica de las reglas en toda la UE”, señaló la Comisión de Bruselas.

Organismo central contra el lavado de dinero

De acuerdo con Transparencia Internacional, solo 11 países de la UE han volcado plenamente las leyes europeas contra el lavado de dinero en sus legislaciones nacionales. En 25 de los 27 países integrantes tienen su sede bancos que han realizado reiteradamente transacciones sospechosas, según indicó la experta en lavado de dinero de Transparencia Internacional, Laure Brillaud, en Bruselas. En su opinión, “la UE debe, con urgencia, hacer más contra el lavado de dinero. Año tras año vemos escándalos en que Europa aparece como puerto seguro para quienes lo realizan y para el dinero robado”.

La Comisión Europea anunció en mayo que a comienzos de 2021 propondrá un nuevo organismo central contra el lavado de dinero. Este tendría que ser aprobado por los países de la UE. Y podrían pasar años antes de que pudiera operar efectivamente.

Además, la Comisión Europea quiere imponer de forma vinculante la cooperación entre las Unidades de Inteligencia Financiera nacionales a partir de 2021. La intención es que los supervisores puedan intercambiar con mayor facilidad sus datos.

A comienzos de este año, la “Autoridad Bancaria Europea” (ABE) recibió nuevas tareas y competencias en la lucha contra el lavando de dinero. Sin embargo, la ABE se quejó en septiembre de que solo puede coordinar, pero no investigar. De hecho, solo puede instar a actuar a los organismos nacionales de supervisión.

El experto financiero británico Graham Barrow señaló a DW que faltan incentivos para que los bancos pongan coto a transacciones con las que podrían ganar mucho dinero. Se intenta luchar con organismos nacionales contra un problema transnacional. Barrow recomienda un proceder europeo: “Un organismo de la UE contra el lavado de dinero cambiaría el campo de juego. Nosotros respetamos las fronteras nacionales, pero los criminales no lo hacen. Tenemos que trabajar internacionalmente, como los criminales”.

Lista de países sospechosos

El 1 de octubre de 2020 entrará en vigor una nueva lista de países que la UE la identifica como “ovejas negras” en materia de lavado de dinero. Los negocios con bancos y empresas de esos países son considerados básicamente como sospechosos. En la lista figuran actualmente las Bahamas, Barbados, Botsuana, Gana, Jamaica, Camboya, Mauricio, Mongolia, Myanmar, Nicaragua, Panamá y Zimbabue. Fueron retirados del listado algunos países que se comprometieron a cooperar en la lucha contra el lavado de dinero, como Bosnia-Herzegovina, Guyana, Laos, Etiopía, Sri Lanka y Túnez.

Durante años, también se contó entre los “lavadores de dinero” a Chipre, país miembro de la UE. Allí estaban registradas cientos de miles de empresas de papel que servían para transferir dinero sucio, especialmente de fuentes rusas y ucranianas. Ese modelo de negocios de Chipre ha de cambiar. Pero fue por presión de Estados Unidos, no de la UE, que los bancos chipriotas cerraron en los últimos años cientos de cuentas sospechosas.

 

Fuentes: bbc.com / dw.com / france24.com