Luego de las conversaciones llevadas a cabo en Moscú, y en la que establecieron una tregua, ambas naciones denunciaron bombardeos sobre sus territorios minutos después de entrar en vigor el trato. El presidente azerí reconoció el pacto, pero aseguró “que habrá más luchas por delante”.

La tregua en los combates entre Armenia y Azerbaiyán entró en vigor al mediodía del 10 de octubre en la zona en conflicto. Sin embargo, pocos minutos después de su vigencia, el Ministerio de Defensa de Armenia acusó a Azerbaiyán de bombardear un asentamiento en territorio armenio.

Posteriormente, fuerzas de la etnia armenia, ubicadas en la región separatista de Nagorno-Karabaj, denunciaron que los militares azeríes habían lanzado una ofensiva contra su territorio, bombardeando a su capital, la ciudad de Stepanakert. El saldo provisional de bajas es de dos civiles muertos.

Por su parte, Azerbaiyán afirmó que fuerzas enemigas bombardearon territorio azerí dejando a un civil muerto. Como ha sido habitual, ambas partes han negado las acusaciones y han extendido la lucha dialéctica y propagandística que acompañan los combates.

Rusia, mediador del conflicto, preocupada por la seguridad de su frontera

En la mañana del sábado, el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergey Lavrov, aseguró mediante un comunicado que el alto el fuego se había acordado por razones humanitarias, luego de una jornada de 10 horas de conversaciones en su despacho.

La tregua se establecería como parte de un proceso de intercambio de prisioneros de guerra y entrega de muertos en combate. Sobre ello, el Comité Internacional de la Cruz Roja expresó su intención de participar.

Lavrov también indicó que ambos países acordaron entrar en lo que definió como “conversaciones de paz sustantivas”. Estas se llevarán a cabo bajo el auspicio del Grupo de Minsk (organismo fundado en 1992 para ayudar a resolver el conflicto en Nagorno-Karabaj y en el que Rusia, Francia y Estados Unidos fungen como copresidentes) y la Organización para la Seguridad y la Cooperación de Europa (OSCE, por sus siglas en inglés).

El ministro de Relaciones Exteriores ruso, también afirmó haber mantenido conversaciones telefónicas con sus homólogos de Azerbaiyán y Armenia, los cuales reafirmaron su compromiso con el alto al fuego y la necesidad de aplicarlo estrictamente sobre el terreno.

Sobre las conversaciones, Azerbaiyán ha pedido involucrar a Turquía (como parte de un cambio en el diálogo) al tiempo que acusó a Francia de no ser un mediador neutral.

Turquía recibió con beneplácito el alto el fuego, pero sostiene que es necesario un poco más. “El alto el fuego humanitario es un primer paso importante, pero no representará una solución duradera (…) Turquía seguirá apoyando a Azerbaiyán en el campo y en el diálogo”, dijo el Ministerio de Relaciones Exteriores de Turquía.

De acuerdo con el Kremlin, el presidente Vladimir Putin conversó vía telefónica con su homólogo iraní, Hassan Rouhani. A través de un mensaje en la red social Twitter, Mohammad Javad Zarif, ministro de Relaciones Exteriores iraní, señaló que “el acuerdo era un paso hacia la paz”.

El estallido del conflicto ha sido una preocupación para Rusia y Europa. Dmitri Trenin, director del Centro Carnegie de Moscú y ex coronel del ejército ruso, expresó que “los problemas más importantes en el sur del Cáucaso son la seguridad de las fronteras rusas frente a los yihadistas procedentes del Medio Oriente y el papel creciente de Turquía en la región”.

Por su parte, en Europa temen que el conflicto afecte a la seguridad del transporte de petróleo y gas azerí hacia el continente.

Aliyev afirma que “mantendrá la lucha hasta el final” 

Por otro lado, el presidente azerí, Ilham Aliyev, en declaraciones al medio ruso RBC, destacó que ambas partes habían establecido las bases para alcanzar un acuerdo político. Sin embargo, no descartó que se presenten más luchas en el futuro.

“Iremos hasta el final y obtendremos lo que por derecho nos pertenece”, aseguró el líder de Azerbaiyán.

Nagorno-Karabaj es un enclave de unos 4.400 kilómetros cuadrados de territorio reconocido internacionalmente como parte de Azerbaiyán, pero habitado y gobernado por personas de etnia armenia desde hace siglos. Las diferencias étnicas, religiosas y culturales entre Nagorno-Karabaj y el resto de Azerbaiyán son muy profundas, hasta el punto que sus ciudadanos piden formar parte de Armenia o tener un estado soberano propio e independiente de las consignas de Bakú.

Cientos de personas han muerto desde la reanudación del conflicto el 27 de septiembre. Los enfrentamientos han sido los peores desde la guerra de 1991-1994 que dejó un saldo de 30.000 personas muertas. En este conflicto bélico está el origen de los combates actuales. Después de 1994, Azerbaiyán dejó de controlar el territorio de Nagorno-Karabaj y un cordón periférico de seguridad en torno a esta región que fue ocupado por tropas armenias.

Ahora, desde Bakú pretenden recuperar todos estos territorios perdidos auspiciándose en la superioridad militar que se posee sobre Armenia gracias a un amplio programa de armamento y el apoyo incondicional de Turquía.

 

Fuente: france24.com