Aunque los ministros de Armenia y Azerbaiyán no pactaron un cese al fuego en su reunión con los mediadores del Grupo de Minsk en Ginebra, sí se comprometieron a no atacar a los civiles, a trabajar por la recuperación de los cuerpos de quienes murieron en combate y a entregar una lista de prisioneros.

Por más que las confrontaciones sigan, ahora no se realizarán deliberadamente hacia los civiles. Al menos esa es la promesa que hicieron las autoridades de Azerbaiyán y de Armenia sobre la disputa que tienen desde hace décadas en Nagorno Karabaj y que explotó de nuevo el pasado 27 de septiembre.

Los ministros de Relaciones Exteriores de ambos países lograron el pacto en Ginebra, Suiza, donde adelantaron negociaciones en la compañía de enviados especiales de Francia, Rusia y EE. UU. De hecho, fueron estas naciones las que impulsaron los diálogos y abrieron el espacio para que, una vez más, los armenios y los azeríes intentaran solucionar el conflicto.

Los mediadores, del Grupo de Minsk de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), agregaron en un comunicado que Armenia y Azerbaiyán también acordaron intercambiar los cuerpos de los combatientes y se comprometieron a entregar en una semana las listas de los prisioneros de guerra detenidos, con el objetivo de un eventual intercambio.

Los mediadores también le pidieron un cese al fuego a los ministros, pero las partes acordaron por ahora solo los puntos anteriormente mencionados. Este es el cuarto intento en un mes con el que las dos partes han buscado solucionar sus diferencias.

75.000 afectados tras la escalada de conflicto en el último mes

Y es que desde que los enfrentamientos armados se reanudaron, miles de personas han sufrido en carne propia las consecuencias del conflicto. En tan solo un mes ha habido más de 75.000 civiles afectados, incluyendo desplazados, heridos y muertos. Cada día son más las casas destruidas y cerca de 10.000 personas no tienen alimentos suficientes, según las más recientes estadísticas de la entidad humanitaria de la Comisión Europea.

Por eso, el Grupo de Minsk intenta que Armenia y Azerbaiyán lleguen a un acuerdo para cesar de una vez por todas sus enfrentamientos por Nagorno Karabaj, una región autoproclamada independiente, habitada mayoritariamente por armenios y que los azeríes reclaman como propia.

Las mediaciones internacionales han logrado cuatro pactos en las últimas dos semanas, incluyendo el de este viernes. El panorama no es muy alentador porque los tres anteriores se han roto. De hecho, el primero de ellos duró tan solo minutos.

El 10 de octubre, desde Moscú, las dos partes acordaron un cese al fuego. Pero más tardaron en llegar a la negociación que en romperla: ese mismo día, el Ministerio de Defensa de Armenia acusó a Azerbaiyán de bombardear un asentamiento en territorio armenio, mientras que los azeríes aseguraron que los armenios bombardearon uno de sus territorios y mataron a una persona.

El acuerdo se reafirmó en París el 17 de octubre y posteriormente se firmó otra tregua el pasado domingo 25 de octubre en Washington, pero los militares de ambos bandos continuaron sus operaciones. Incluso este viernes hubo enfrentamientos mientras los ministros dialogaban en Ginebra.

En Nagorno Karabaj se ha usado un armamento prohibido

La palabra clave del pacto de este viernes entre Armenia y Azerbaiyán es “deliberadamente”, porque eso significa que las partes se comprometen a no atacar con intención a los civiles. El problema es que esta promesa parece dejar por fuera uno de los puntos más álgidos del conflicto: las bombas de racimo.

Han pasado más de diez años desde que un centenar de países acordaron prohibir las llamadas bombas de racimo. Este tipo de armamento fue concebido en la Segunda Guerra Mundial para incorporar pequeñas bombas dentro de una más grande y así, causar un mayor daño a la contraparte.

La realidad mostró que estos explosivos generan un “daño inaceptable en la población civil”, porque es imposible controlar dónde impactarán, como lo muestra la Convención sobre el tema. En otras palabras, no se puede definir a quién mata o a quién hiere este tipo de armamento.

Por eso, gran parte de la comunidad internacional rechazó estos explosivos desde hace una década. Sin embargo, Armenia y Azerbaiyán se negaron a prohibir ese tipo de bombas y hoy hay denuncias de que las están utilizando en Nagorno Karabaj.

La organización internacional Human Rights Watch documentó que los azeríes han usado las bombas de racimo por lo menos en cuatro ocasiones e hizo un llamado a las partes para que respetaran a la población civil, incluso si no hacen parte de la Convención que prohíbe dicho armamento.

Pero sus peticiones han caído en oídos sordos. Cuatro días después del informe, diferentes ONG, entre las cuales Amnistía Internacional, denunciaron que estas bombas se usaron en la ciudad de Barda. Las autoridades azeríes, por su parte, precisaron que ese ataque mató a por lo menos 21 personas.

Estos hechos son la cara visible de un conflicto que cada día se degrada más y que deja a miles de civiles sufriendo las consecuencias de una guerra que, hasta ahora, no ha logrado ser controlada.

 

Rusia apoyará a Armenia si la guerra se extiende a su territorio

Rusia ofrecerá a Armenia todo el apoyo necesario en caso de que la guerra por el control de Nagorno Karabaj se extienda a su territorio, declaró este sábado (31.10.2020) el Ministerio de Exteriores ruso en respuesta a la solicitud de apoyo formulada por el primer ministro armenio, Nikol Pashinián.

“En correspondencia con el Acuerdo (de amistad, cooperación y ayuda mutua entre Rusia y Armenia del 29 de agosto de 1997) Rusia ofrecerá a Ereván todo el apoyo necesario si los combates se trasladan a territorio armenio”, señaló la entidad en un comunicado.

El Ministerio de Exteriores volvió a reiterar su llamamiento a las partes enfrentadas en el conflicto por Nagorno Karabaj “al cese inmediato del fuego, la distensión y el retorno al diálogo con el fin de alcanzar una solución pacífica en base a los acuerdos alcanzados por los ministros de Exteriores de Rusia, Azerbaiyán y Armenia el 10 de octubre”.

Este sábado Pashinián envió una misiva al presidente de Rusia, Vladímir Putin, con la solicitud de iniciar consultas sobre una posible ayuda a Ereván y garantizar la seguridad de la nación caucásica debido a la guerra con Azerbaiyán por el enclave separatista de Nagorno Karabaj.

El mensaje del jefe del Gobierno armenio insistió en la presencia de terroristas extranjeros procedentes del Medio Oriente en la autoproclamada república separatista que “combaten contra Nagorno Karabaj”.

El conflicto en esta región reclamada por Azerbaiyán se agudizó el pasado 27 de septiembre, cuando se iniciaron fuertes combates entre el Ejército azerbaiyano y las fuerzas karabajíes.

El conflicto armenio-azerbaiyano se remonta a los tiempos de la Unión Soviética, cuando a finales de la pasada década de 1980 el territorio azerbaiyano de Nagorno Karabaj, poblado mayoritariamente por armenios, pidió su incorporación a la vecina Armenia, tras lo cual estalló una guerra que causó unos 25.000 muertos.

 

Por María Clara Calle Aguirre – france24.com

Fuentes: france24.com / dw.com