La noche electoral más larga podría acabar en las próximas horas. Estados Unidos mira en estos momentos a Georgia, Pensilvania y Arizona, donde el recuento de votos continúa y en las próximas horas podría arrojar un ganador. Joe Biden está a uno o dos estados de proclamarse ganador de las elecciones. El candidato demócrata ha recortado seriamente la ventaja que Donald Trump le sacaba hasta el miércoles en el estado sureño de Georgia gracias al voto negro del área metropolitana de Atlanta.

Ahora mismo, 18.000 votos, con más de 200.000 por ser recontados sobre en áreas favorables a los demócratas, separan a Biden de apuntarse sus 16 votos del colegio electoral y alcanzar así la cifra de 270 necesaria para ganar la presidencia de Estados Unidos.

Trump lidera allí por 49,57 contra 49,2% y faltan escrutar 1 por ciento de los votos.

La carrera se ha estrechado también en Pensilvania a favor de Biden pero el recuento no va tan adelantado y en Arizona, en este caso a favor de Trump, aunque va varios puntos por detrás la carrera ya fue sentenciada el miércoles por la agencia AP para los demócratas.

Hoy también deberían conocerse los resultados de Nevada, donde el presidente va por detrás. Aunque Georgia fuera finalmente para Trump, Biden podría ganar la presidencia si retiene tanto Arizona como Nevada, al margen de lo que ocurra en Pensilvania, donde su equipo sostiene que aún tienen opciones de ganar.

El suspense es total. Abatidos unos, eufóricos otros pero exhaustos todos, los estadounidenses despertaron el miércoles a la perturbadora visión de una fractura nacional mucho más profunda de lo que pensaban antes de ir a las urnas, mientras demócratas y republicanos se enzarzaban en una tensa batalla, voto por voto, tribunales mediante, por hacerse con la Casa Blanca.

Trump resistió a la prueba de las urnas mejor de lo esperado pero Biden mantiene serias opciones de convertirse en el próximo presidente de EE.UU. Hacía 120 años que el país no acudían a las urnas con tanto entusiasmo. Votaron unos 160 millones de personas, el 66,9% del electorado, según las primeras estimaciones. Pero su veredicto sobre los vertiginosos cuatro años de presidencia de Trump no fue tan rotundo como unos y otros esperaban.

No hubo ni una ola azul (el color de los demócratas) que repudiara el legado del presidente ni una marea roja (el color de los republicanos) que uniera el país bajo su liderazgo. Al borde de un ataque de nervios colectivo, Estados Unidos asistió en cambio a una reedición, una suerte de déjà vu, de las elecciones del 2016, cuando el ganador se decidió por 77.000 papeletas en tres estados, pero esta vez a cámara lenta porque la batalla puede alargarse días o incluso semanas.

Tras sus victorias en Wisconsin y Michigan, el último recuento situaba a Biden por delante de Trump en número de votos del colegio electoral. Los candidatos libran en estos momentos su duelo final en el mismo territorio que sentenció las anteriores elecciones: los estados del antiguo cinturón industrial del país. Si entonces un puñado de votos inclinó entonces la balanza a favor del republicano, este año, con una división muy similar, el favorecido sería el demócrata.

El presidente Trump se niega sin embargo a aceptar el resultado y ha presentado recursos para detener el recuento, prácticamente finalizado no obstante, en estos dos estados además de Pensilvania, en cada caso con diferentes argumentos. En el caso de Wisconsin, al ser el margen inferior al 1%, tienen derecho a pedir un recuento y ya lo han solicitado. El ambiente es de alta tensión en la calle. Decenas de personas irrumpieron ayer en un colegio electoral de Detroit (Michigan), donde alrededor del 90% de los votos computados han sido para Biden, al grito de “¡frenad el recuento!”.

Biden se habría impuesto a Trump por unas 50.000 papeletas en Michigan y unas 20.000 en Wisconsin, márgenes ligeramente superiores a los del republicano en el 2016 pero mucho más estrechos del que auguraban las encuestas, que este año se han estrellado definitivamente en sus vaticinios. En Pensilvania, desbordada por el volumen del voto por correo, quedaban todavía por computar un millón de papeletas depositadas por adelantado o por correo, la vía preferida por los votantes registrados como demócratas.

Biden compareció en la noche del miércoles para celebrar que “está claro” que va ganando en suficientes estados” para llegar a la ansiada cifra. “Pero no estoy aquí para declararme vencedor. Estoy aquí para decir que, cuando termine el recuento, seremos los ganadores”. Su otro objetivo, reclamar que se cuenten “todos los votos”.

La ausencia de resultados conclusivos y la decisión de uno de los candidatos, el propio, de proclamarse vencedor aboca al país a una grave crisis institucional y política. Aunque a corto plazo se vaya a resolver en los tribunales, el dramático desenlace anuncia tiempos convulsos en la primera potencia económica mundial. Sea cual sea el resultado electoral, alrededor de la mitad del país va a sentirse insatisfecho, estafado incluso.

Aunque los tribunales concluyan que no hay nada fraudulento en el voto por correo y avale las leyes estatales que permiten en Pensilvania que se cuenten los votos recibidos hasta tres días después del 3 de noviembre, los seguidores del presidente difícilmente ignorarán la narrativa de fraude electoral que lleva semanas desplegando sin pruebas.

En EE.UU. no hay una autoridad que supervise el recuento o anuncie resultados, es la prensa y en particular la agencia AP quien lo hace, pero los medios actuaron con prudencia a la hora de declarar ganadores. Solo se desmarcó Fox News, para disgusto del presidente, con Arizona.

La prematura declaración de victoria de Trump fue condenada en todas las televisiones. “Esta es una situación extremadamente inflamable y el presidente acaba de echarle una cerilla”, denunció Chris Wallace en Fox News, aclarando que en contra de sus declaraciones el presidente nadie le había declarado ganador en Georgia o Carolina del Norte.

Con su silencio, los republicanos fueron cómplices de la estrategia del presidente. “Declarar que has ganado es diferente a terminar el recuento”, dijo, restándole importancia, su líder en el Senado, Mitch McConnell, que el martes volvió a ser reelegido para su escaño a pasar del dineral invertido por los demócratas en tratar de derrotarle. “No debemos extrañarnos de que los dos lados vayan a sacar a sus abogados”. Serán los tribunales quienes decidan la disputa, avanzó. “Así es como hacemos las cosas en este país”, remató.

 

Por Beatríz Navarro

Fuentes: La Vanguardia / clarin.com