Mientras el mundo se prepara para la distribución de las vacunas contra el COVID-19, Asia está en camino a una rápida revitalización económica. Un experto analiza por qué los países asiáticos son capaces de recuperarse rápidamente y qué factores pueden obstaculizar el proceso.

La Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos proyecta que China, la mayor economía de Asia, volverá a crecer un 8% en 2021, en comparación con el 3,2% de EEUU. Por su parte, el Banco Asiático de Desarrollo prevé que la economía asiática se recuperará en un 6,8% el año próximo.

Asia se ha convertido en la nueva frontera no sólo para el comercio y el capital mundial, sino también para la creación de conocimientos, la cultura y la digitalización, opina Syed Munir Khasru, presidente del Instituto de Política, Defensa y Gobernanza, en su artículo para South China Morning Post.

Según él, en su calidad de proveedores clave de tecnología, capital y mercados, las economías y poblaciones de Asia han demostrado ser resistentes y diligentes, y están listas para desempeñar un papel destacado en la configuración de la próxima fase de la globalización.

La respuesta asiática a los desafíos

Muchas naciones asiáticas, en particular en Asia Oriental, practican una cultura de disciplina y adhesión a las instrucciones, lo que ha permitido a los Gobiernos hacer frente a la pandemia con eficacia, indica el analista. Por su parte, los países de Asia meridional han podido aprovechar sus enseñanzas en materia de gestión de epidemias y desastres.

Por ejemplo, Vietnam ha sido ejemplar por su contención agresiva y sus medidas de control eficaces en función de los costos, lo que demuestra la capacidad de los países asiáticos para actuar con rapidez.

Asia sufre regularmente de enfermedades infecciosas. A pesar de que muchos países de la región carecen de la infraestructura necesaria para apoyar un sistema de vigilancia y respuesta de emergencia, los Gobiernos siguen trabajando continuamente en construirla, apunta.

Los desastres naturales, en particular en Asia meridional, contribuyen al desarrollo de esos sistemas de emergencia, lo que da lugar a cambios rápidos y dinámicos en la infraestructura. El experto asegura que la clave son las estrategias flexibles y un enfoque de reconstruir mejor, en lugar de seguir como hasta ahora.

Bangladés es un ejemplo destacado por su respuesta a los ciclones mortales, ya que ha construido sistemas de alerta temprana, refugios contra ciclones, terraplenes costeros y planes de evacuación, al tiempo que ha sensibilizado a la comunidad.

Singapur es otro ejemplo, en el que se conjugan sus capacidades tecnológicas con el respeto de las normas y la disciplina por parte de la población. Por ejemplo, ha desarrollado una rápida respuesta al COVID-19 a través de un canal nacional de WhatsApp y un sitio web de Gowhere para educar e informar a los ciudadanos.

El bajo número de los casos de COVID-19 en Singapur es un excelente ejemplo de una población disciplinada, madura e informada que respeta las decisiones del gobierno, subraya el experto.

La respuesta de los países asiáticos ha contrastado en gran medida con las manifestaciones contra el uso de las máscaras y las restricciones anti-COVID en los países occidentales, indicó.

Desarrollo tecnológico de Asia

Syed Munir Khasru cree que el factor clave de la capacidad de recuperación de Asia es su rápido desarrollo tecnológico, “en particular en Asia oriental y la India, donde han aumentado las inversiones en empresas tecnológicas intrarregionales”.

Según él, Asia se está convirtiendo en el principal impulsor del avance tecnológico, ya que ahí se encuentran cuatro centros de innovación de rápido crecimiento y las sedes del 50% de las mayores empresas de tecnología del mundo.

Este avance ha estado encabezado por una economía dinámica y una población joven en rápida transición de la clase baja a la clase media, con vastos recursos para la innovación y acceso a los conocimientos de calidad a precios competitivos. El fuerte aumento de la alfabetización en toda Asia también ha dado lugar a un empleo productivo.

La OCDE estima que China y la India representarán más del 60% de los graduados en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM) para 2030, en comparación con el 4% en EEUU y el 8% en Europa.

A medida que crece una clase media innovadora y emprendedora en las principales economías asiáticas, como China, la India e Indonesia, el mercado de consumo también cambia rápidamente, señaló el analista. Precisó que se desarrolla una preferencia por los productos nacionales frente a las importaciones occidentales, ya que las reglamentaciones más estrictas expulsan los productos de peor calidad.

Estos factores han alimentado el éxito de empresas como Alibaba, Samsung, WeChat, Toyota y Huawei, y han aumentado la presencia asiática en el mundo. Se prevé que los ingresos del comercio electrónico en Asia alcancen este año 1,4 billones de dólares, frente a los 425.000 millones de dólares en Europa.

Los obstáculos que impiden el progreso asiático

Por otro lado, el experto enumeró los desafíos que enfrentan los países asiáticos y que pueden impedir el progreso regional.

En primer lugar están los conflictos regionales. La rivalidad entre la India y China y el conflicto entre la India y Pakistán en Cachemira son focos de tensiones de largo plazo. Otro punto son las divisiones en Asia occidental.

Las vulnerabilidades en ámbitos como la pobreza, la atención de la salud y el impacto del cambio climático son obstáculos importantes para el progreso en la región, continúa el experto.

A medida que la cultura, la tecnología y la unidad impulsan a Asia a la vanguardia mundial, una mayor atención a la educación y la atención sanitaria de las poblaciones marginadas puede reforzar la transformación tecnológica, opinó.

Con el crecimiento económico y la flexibilidad de la población, es esencial un cambio hacia prácticas sostenibles, subrayó.

 

Fuente: sputniknews.com