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El fundador de WikiLeaks, el polémico Julian Assange, espera saber el lunes si la justicia británica decide finalmente extraditarlo a Estados Unidos, que lo reclama para juzgarlo por espionaje y podría condenarlo a hasta 175 años de prisión.

En un caso que sus defensores denuncian como clave para la libertad de prensa, el australiano, de 49 años, conocerá en una vista en la corte penal de Londres si la jueza Vanessa Baraitser considera pertinente la petición de extradición presentada por la justicia estadounidense.

Sin embargo, su decisión puede ser recurrida por ambas partes, lo que podría prolongar la larga saga judicial que rodea a Assange desde 2010, poco después de que su web WikiLeaks publicase cientos de miles de documentos militares y diplomáticos confidenciales que pusieron a Estados Unidos en más de un aprieto.

Entre ellos figuraba un vídeo en que se veía como helicópteros de combate estadounidense disparaba contra civiles en Irak en 2007, matando a una docena de personas en Bagdad, incluidos dos periodistas de la agencia de noticias Reuters.

 

Hillary Clinton

Müller-Maguhn (portavoz del Chaos Computer Club y Presidente de la Fundación Wau-Holland) dijo a DW que puede entender la posición de Assange. “Hillary Clinton ha dicho públicamente varias veces que debería ser asesinado con un dron”, dijo. “Ella era secretaria de Estado cuando él publicó los despachos de la embajada en 2010, los diarios de guerra afgana e iraquí. Que esta mujer se convirtiera en presidente era una cuestión de vida o muerte para él. No se puede culparlo por lo que hizo”.

Clinton negó haber hecho el comentario sobre querer matar a Assange con un dron, y los verificadores de los medios han descrito el presunto comentario como un rumor.

 

Suecia

Günter Wallraff, un renombrado periodista de investigación alemán, le dijo a DW que había habido un “asesinato de carácter” contra Julian Assange. “Ha sido acusado de lo peor de lo que se puede acusar a alguien en una sociedad ilustrada: violación”, dijo.

Las acusaciones contra Assange se idearon para convertir al hombre que había descubierto tanto en una persona non grata, cree Wallraff, citando una investigación del relator especial de la ONU sobre la tortura, Nils Melzer.

Melzer, profesor suizo de derecho internacional, habla sueco con fluidez. Como tal, ha podido inspeccionar una gran cantidad de documentos originales. En una entrevista con la publicación suiza Republik, Melzer planteó acusaciones contra las autoridades suecas a principios de 2020 por primera vez, argumentando que la evidencia había sido manipulada por razones políticas.

 

¿Portavoz de Putin?

Las críticas a los supuestos vínculos con Moscú surgieron por primera vez en 2012. Julian Assange continuó su labor periodística, inicialmente bajo arresto domiciliario y luego como refugiado político en la embajada ecuatoriana en Londres debido a la solicitud de extradición sueca que posteriormente se presentó.

Produjo un programa de entrevistas político llamado “The World Tomorrow” con su propia compañía, Quick Roll Productions. El cliente era la emisora ​​extranjera estatal de Rusia, Russia Today. El primer invitado a la entrevista fue Hassan Nasrallah, jefe del Hezbollah chiíta en el Líbano, a través de un enlace de video. Fue la primera entrevista internacional con el controvertido líder de Hezbollah en seis años.

 

Londres

 

“Reescribiría las reglas de lo que está permitido publicar aquí”, escribió Moris en el Mail on Sunday. “De la noche a la mañana, se enfriaría el debate abierto y libre sobre los abusos de nuestro propio gobierno y también de muchos extranjeros.

“En efecto, los países extranjeros podrían simplemente emitir una solicitud de extradición diciendo que los periodistas del Reino Unido, o los usuarios de Facebook para el caso, han violado sus leyes de censura. Las libertades de prensa que apreciamos en Gran Bretaña no tienen sentido si pueden ser criminalizadas y reprimidas por regímenes en Rusia o Ankara o por fiscales en Alexandria, Virginia ”.

 

Antes de pronunciarse, la justicia inglesa examinó detenidamente la solicitud estadounidense para asegurarse de que no sea desproporcionada o incompatible con los derechos humanos.

Las vistas celebradas en septiembre, tras meses de retraso debido a la pandemia de coronavirus, estuvieron marcadas por las protestas a las puertas del tribunal, donde partidarios del australiano como la diseñadora británica Vivienne Westwood enarbolaron pancartas que decían “¡Encarcelen a los criminales de guerra, liberen a Julian Assange!”.

“El futuro del periodismo está en juego”, había afirmado el redactor jefe de WikiLeaks, Kristinn Hrafnsson.

 

“Motivación política”

El equipo de defensa de Assange argumentó que tiene derecho a las protecciones de la Primera Enmienda para la publicación de documentos filtrados que exponen las irregularidades militares estadounidenses en Irak y Afganistán y que la solicitud de extradición de Estados Unidos tenía motivaciones políticas.

Afirmando temer que Assange, cuya salud física y mental pareció muy debilitada, se quitase la vida, su compañera sentimental, Stella Moris, había entregado en septiembre a la oficina del primer ministro británico, Boris Johnson, una petición con 800.000 firmas contra su extradición.

Recluido en una prisión londinense de alta seguridad desde su detención en abril de 2019 en la embajada de Ecuador, donde vivió refugiado siete años, Assange podría ser condenado a 175 años de cárcel si la justicia estadounidense lo declarase culpable de espionaje.

Washington le reprocha haber puesto en peligro la vida de sus informantes con la publicación de los documentos secretos sobre las acciones militares estadounidenses en Irak y Afganistán, que revelaron actos de tortura, muertes de civiles y otros abusos.

Pero para su comité de apoyo, son “cargos con motivación política” que “representan un ataque sin precedentes a la libertad de prensa”.

La defensa del australiano, coordinada a nivel internacional por el ex juez español Baltasar Garzón, denunció en el pasado que el presidente estadounidense Donald Trump quería hacer con él un castigo “ejemplar” en su “guerra contra los periodistas de investigación” y Assange no tendría un juicio justo en Estados Unidos.

Esta ahora por ver cuál será la actitud del presidente electo estadounidense, el demócrata Joe Biden, que en unos días reemplazará a Trump en la Casa Blanca.

Hasta ahora Estados Unidos ha defendido que Assange no es periodista sino “pirata informático” y aseguró que ayudó a la analista de inteligencia Chelsea Manning a robar esos documentos clasificados antes de exponer el material a los ojos del mundo.

Lo acusa además de haber conspirado con miembros de los grupos de hackers LulzSec y Anonymous y de haber tenido “acceso no autorizado a un sistema de computación gubernamental de un país de la OTAN”.

Los abogados de Assange llevan meses alertando sobre el frágil estado físico y mental del australiano, que apareció confuso y con dificultades para expresarse y estuvo ausente de algunas vistas por problemas de salud.

En sus alegatos finales por escrito, el equipo de Assange acusó a Estados Unidos de un enjuiciamiento “extraordinario, sin precedentes y politizado” que constituye una “flagrante negación de su derecho a la libertad de expresión y representa una amenaza fundamental a la libertad de expresión en todo el mundo”.

 

Fuentes: france24.com / AFP / dw.com / theguardian.com / globalnews.ca / latimes.com