Un portavoz de la Liga Nacional para la Democracia, partido gobernante, informó que la líder birmana y otros altos funcionarios fueron arrestados en una redada matutina. El hecho se da en medio de la escalada de tensión entre el Gobierno civil y el poderoso Ejército, que alimenta los temores por un posible golpe de Estado.

La endeble democracia de Myanmar está otra vez bajo la lupa. El Ejército de ese país, de gran influencia en el poder, detuvo a la líder del Gobierno, Aung San Suu Kyi, al presidente Win Myint y a otras figuras importantes de su gabinete. La información fue confirmada por Myo Nyunt, portavoz de la gobernante Liga Nacional para la Democracia (NLD, por sus siglas en inglés), a la agencia de noticias Reuters.

“Quiero decirle a nuestra gente que no responda precipitadamente y quiero que actúen de acuerdo con la ley”, agregó Nyunt, quien confesó que también esperaba ser detenido. Reuters intentó contactarlo de nuevo y no pudo.

Además, las líneas telefónicas y móviles de Naipyidó, la capital del país, y de Rangún, la ciudad más grande de la nación, sufrieron cortes en las primeras horas del lunes 1 de febrero en la nación del sur de Asia, la conexión de Internet padeció una caída al 75% de su capacidad habitual -según el observatorio NetBlocks-, mientras que la televisión MRTV informó a través de Facebook que no podía iniciar su transmisión debido a problemas técnicos.

En tanto, testigos consultados telefónicamente por Reuters dijeron que soldados fueron desplegados fuera del ayuntamiento de Rangún y que vehículos militares recorrían la zona.

Asimismo, un legislador de la NLD, que pidió no ser identificado por temor a represalias, aseguró que otro de los detenidos era Han Thar Myint, miembro del comité ejecutivo central del partido.

 

Las detenciones alimentan los temores de un posible golpe de Estado

Estos episodios ocurren luego de una escalada de tensión entre el Gobierno civil y las cúpulas militares, que denuncian supuestas irregularidades en las elecciones parlamentarias celebradas el 8 de noviembre, cuyos resultados favorecieron ampliamente a la Liga Nacional para la Democracia.

Los resultados primero fueron desafiados por el Partido de la Solidaridad y el Desarrollo de la Unión (USDP), la antigua formación gubernamental que había impulsado la anterior junta militar antes de su disolución. Esta formación, gran perdedora de los comicios al lograr solo 33 escaños, llegó a pedir que se celebren nuevas elecciones, bajo la tutela del Ejército.

Precisamente, este lunes 1 de febrero, el nuevo Parlamento surgido de esos comicios debía tomar posesión, con una mayoría aplastante de la Liga Nacional para la Democracia (NLD, siglas en inglés) de Aung San Suu Kyi, que consiguió el 83 por ciento de los 476 asientos del Legislativo.

Las detenciones han reavivado los temores por un posible golpe de Estado en Myanmar, los cuales parecían haber sido sofocados el sábado 30 de enero, cuando el Ejército se comprometió a “obedecer la Constitución”.

“Dado que el Tatmadaw (nombre del Ejército birmano) es una asociación armada, debe obedecer la Constitución. Nuestros soldados deben obedecer y respetar la Constitución más que otras leyes existentes”, había señalado la institución castrense en un comunicado.

Los rumores de un eventual golpe se habían disparado el martes pasado, cuando el portavoz militar Zaw Min Tun se negó a descartar una toma del poder por parte del Ejército. Versiones que el miércoles pasado se acrecentaron luego de que el jefe del Ejército, Min Aung Hlaing, señalara en un discurso ante personal militar que la Constitución debería ser abolida si no se cumple, lo que se tomó como una amenaza velada.

Estos episodios llevaron al secretario general de la ONU, António Guterres, a expresar su “gran preocupación” por la situación y a la Delegación de la Unión Europea (UE) y varias embajadas, incluida la británica, estadounidense, australiana y de varios países europeos, a rechazar “cualquier intento” de modificar los resultados electorales o “impedir” la transición democrática.

La débil democracia de Myanmar, otra vez en vilo frente al poderoso Ejército

Myanmar estuvo sometido a una dictadura militar de “puño de hierro” entre 1962 y 2011, cuando se inició la transición hacia la democracia.

Aung San Suu Kyi, ganadora del Premio Nobel de la Paz en 1991, llegó al poder tras una abrumadora victoria electoral en 2015, tras pasar décadas bajo arresto domiciliario hasta su liberación definitiva en noviembre de 2010.

Su figura de luchadora de la democracia se vio dañada a nivel internacional después de que, bajo su Gobierno, se realizaran múltiples operaciones del Ejército que obligaron a miles de integrantes de la minoría rohingya a huir hacia el estado occidental de Rakhine en 2017 y a Bangladesh. Sus políticas de marginación de esa minoría musulmana le valieron críticas fuera del país, pero no minaron su popularidad dentro de él.

Pese a haber logrado la transición democrática, esta no tiene una gran fortaleza en Myanmar y los militares conservan un gran influencia en el poder. Fueron ellos quienes redactaron la actual Constitución, que contempla una “democracia disciplinada” y que le otorga grandes concesiones, ya que cuentan con el 25 por ciento de los escaños del Parlamento y los influyentes Ministerios del Interior, Fronteras y Defensa.

Las elecciones del 8 de noviembre fueron apenas las segundas después de más de medio siglo de dictadura militar.

 

Por Federico Cue Barberena (france24.com)

Fuentes: france24.com / Al Jazeera / ticker NEWS / CNA