El poderoso ministro del Interior de Libia, Fathi Bashagha, escapó ileso este domingo (21.02.2021) a un intento de asesinato cerca de Trípoli, lo que despertó temores a un repunte de la violencia en un país devastado por las luchas de influencia y las milicias. Bashagha forma parte del Gobierno de Unidad Nacional (GNA) saliente de Fayez al Sarraj, radicado en Trípoli y reconocido por Naciones Unidas. Fue nombrado en el puesto en 2018.

“El ministro del Interior del GNA, Fathi Bashagha, fue objeto de un intento de asesinato el domingo a las 15.00 horas cuando regresaba a su residencia, en Janzur”, a unos diez kilómetros de Trípoli, indicó el ministerio en un comunicado. “Un vehículo blindado […] abrió fuego contra el convoy con metralletas y la escolta del ministerio respondió” al ataque, explicó la institución.

Según la misma fuente, uno de los escoltas de Bashagha resultó herido, pero el ministro está “sano y salvo”. El portavoz del Ministerio de Salud, Amin al-Hashmi, en tanto, aseguró que “dos atacantes fueron detenidos, el tercero […] falleció”. Bashagha, de 58 años, sonaba fuertemente para ocupar el puesto de primer ministro interino, que finalmente recayó a principios de febrero en Abdel Hamid Dbeibah, en el marco de un proceso patrocinado por la ONU.

Reacción de Estados Unidos

Un periodista de AFP que se encontraba cerca del lugar del ataque aseguró que el intercambio de disparos duró varios minutos, y que la carretera costera de Janzur fue cortada por las fuerzas de seguridad durante una hora. Bashagha se había reunido más temprano con Mustafa Sanalla, presidente de la Corporación Nacional de Petróleo de Libia para discutir sobre medidas de seguridad en las instalaciones petroleras y cómo mejorar la independencia de la institución para “asegurar una distribución justa de las ganancias entre todos los libios”.

Bashagha es un peso pesado de la política interior libia, donde ha intentado quitar poder a las milicias, ofreciendo pasantías a los milicianos para integrarse a las fuerzas nacionales de seguridad. El embajador de Estados Unidos, Richard Norland, expresó su “indignación” y recalcó, durante una conversación telefónica con el ministro libio, el “apoyo completo” de su país a los esfuerzos de Bashagha para “poner fin a la influencia de las milicias”, explicó la legación diplomática en un comunicado.

El 5 de febrero de este año, Abdel Hamid Dbeibah, ingeniero de formación y rico empresario, y otros tres miembros de un consejo presidencial fueron designados para asegurar la transición hasta las elecciones nacionales de diciembre. Ningún grupo se ha atribuido el atentado contra Bashagha.

 

Seguridad precaria

Diez años después del levantamiento respaldado por la OTAN que derrocó al régimen de Muammar Gaddafi en 2011, Libia todavía está socavada por luchas de poder, divididas entre dos autoridades rivales, en un contexto de interferencia extranjera. El GNA en Trípoli y autoridades paralelas en el este vinculadas al hombre fuerte Khalifa Haftar.

El 23 de octubre, los dos campos rivales firmaron un acuerdo de alto el fuego permanente con “efecto inmediato”, después de discusiones en Ginebra bajo los auspicios de la ONU.

El 5 de febrero, además del Primer Ministro interino, un foro político libio en Suiza nombró un Consejo Presidencial de Transición de tres miembros para garantizar la transición a la espera de las elecciones anunciadas para diciembre.

Pero el intento de asesinato sirvió como recordatorio de que la situación de seguridad sigue siendo precaria, mientras que un relanzamiento del diálogo político ha reavivado las esperanzas de poner fin a las divisiones y la violencia.

El 17 de febrero, los libios celebraron en Trípoli y otras partes del oeste del país el décimo aniversario del inicio de la revolución que derrocó a Gaddafi en 2011.

Las autoridades del este, región controlada por el mariscal Haftar, no realizaron celebraciones, ni siquiera en Bengasi, cuna de la revolución y segunda ciudad del país.

La interferencia extranjera ha contribuido a alimentar la animosidad y la violencia. El GNA, instalado en Trípoli en 2016 al final de un frágil proceso de la ONU, cuenta con el apoyo de Turquía. Su rival, un poder encarnado por Khalifa Haftar y establecido en Cyrenaica (Este), es apoyado por los Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Rusia.

Los propios libios están empobrecidos, privados en particular de los ingresos de las reservas de oro negro más importantes de África. Su vida diaria está marcada por la escasez de efectivo y gasolina, cortes de energía y una inflación galopante.

 

Fuentes: dw.com / voaafrique.com / News Guide