“Hace décadas que no se veían imágenes de este tipo en Cuba: es evidente que una parte de los ciudadanos ha superado el miedo a la represión y está dispuesta a mostrar públicamente su descontento con el régimen. Las más de cien detenciones y la restricción de Internet no van a cambiar esto. Ojalá Miguel Díaz-Canel no recurra a una ola de represión a la venezolana.

Es poco probable que la resistencia se debilite pronto. El descontento se debe a la miserable situación económica, la escasez de alimentos, medicamentos y falta de atención hospitalaria, así como a los frecuentes cortes de electricidad. Los llamamientos a la dimisión del presidente y a la celebración de elecciones democráticas son la consecuencia lógica de la incapacidad del gobierno para satisfacer las necesidades básicas de sus ciudadanos. Según los observadores, los manifestantes de La Habana vienen principalmente de los barrios más pobres, los más afectados, los mismos cuyos intereses dice defender la dictadura comunista.

La causa del descontento no desaparecerá tan rápidamente. El régimen está al borde de la quiebra y ya no puede financiar las importaciones necesarias de alimentos y medicinas. La situación se ha agravado aún más por el impedimento a las remesas privadas desde el extranjero impuesto por Trump y la merma de los generosos envíos de petróleo desde Venezuela. No se vislumbra una mejora rápida de las tres fuentes de divisas. De hecho, Cuba está a puertas de sufrir aún lo peor del COVID.

Sin embargo, el régimen aún no tambalea. Los manifestantes carecen de organización. Todavía no son una amenaza para el régimen. Si realmente está en juego la supervivencia del régimen comunista, Díaz-Canel dispone de fuertes armas contra un levantamiento de los descontentos en forma de policía, servicio secreto y ejército. La caída de la dictadura aún no está a la vista, pero es de prever que en Cuba aumente el malestar”.

Die Tageszeitung, de Berlín: “No tenemos miedo”

“Con lemas como ‘No tenemos miedo’‘Patria y Vida’ y ‘Libertad’, miles de personas salieron a la calle en Cuba. Esto es algo completamente nuevo en Cuba, donde las protestas sociales seguían siendo la excepción incluso a principios de los años 90, cuando la isla atravesaba una grave crisis económica. Nunca en las últimas décadas se habían producido protestas en toda la isla como la del 11 de julio.

Díaz-Canel se apresuró a responder a las protestas: en un discurso, volvió a culpar a Estados Unidos de las protestas y apeló a la población: ‘No veremos que ni un solo contrarrevolucionario que se haya vendido a Estados Unidos, que reciba dinero de ellos, desestabilice nuestro país. Hacemos un llamamiento a todos los revolucionarios, a todos los comunistas, para que salgan a la calle, para que vayan a los lugares donde se producen estas provocaciones. Hoy y en los próximos días’. Algunos creen que esta convocatoria conlleva el riesgo de una guerra civil”.

Frankfurter Allgemeine Zeitung, de Fráncfort del Meno: Washington carece de estrategia

“Que el régimen de La Habana tildara a los manifestantes de ‘provocadores controlados por Estados Unidos’ no sorprende a nadie en Washington. La vocera de la Casa Blanca, Jen Psaki, dijo que las inculpaciones del gobierno de Cuba solo demuestran que no está escuchando las voces y la voluntad del pueblo cubano. ‘Si quieren derrotar a la revolución, tendrán que pasar por encima de nuestros cadáveres’, advirtió el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel.

El régimen es ‘la revolución’. Y el régimen ya ha demostrado cómo enfrenta las protestas. Las fuerzas de seguridad han reprimido a los manifestantes, utilizado gases lacrimógenos y tubos de plástico como garrote. Decenas de cubanos fueron detenidos. Las protestas representan una grave crisis para el presidente Díaz-Canel, que asumió en abril de manos de Raúl Castro la dirección del Partido Comunista (PCC).

A pesar de la rápida y clara reacción de Washington, esta segunda crisis en el Caribe -después del asesinato del presidente de Haití- deja claro que la administración Biden aún no tiene una estrategia sobre cómo tratar la región que durante mucho tiempo ha sido considerada el patio trasero de Estados Unidos.

¿Quiere el presidente volver a la política de acercamiento que llevó a cabo Barack Obama, aunque la esperada apertura del país no se materializó, incluso desde el punto de vista de los críticos del Partido Demócrata? O ¿quiere seguir con el endurecimiento que impulsó la administración Trump? Ante el reto de la pandemia y la fijación de la política exterior en China y Rusia, aún no existe una estrategia para América Latina en Washington, sobre todo porque el nivel medio del Departamento de Estado aún no cuenta con todo el personal necesario.

Mientras el presidente Joe Biden sigue buscando una estrategia para Cuba y los problemas del Caribe, un antiguo protector del régimen en Cuba dirige agudas palabras contra Washington. El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso advirtió contra las injerencias externas y los intentos de desestabilizar la situación en la isla”.

Por Christina Leal

Fuentes: biobiochile.cl / dw.com