El presidente de Ecuador, Guillermo Lasso, visitó Estados Unidos, donde llegó este lunes 19 de diciembre. La principal de sus actividades oficiales fue su reunión con Joe Biden, una cita en la que el jefe de Estado sudamericano había puesto varias esperanzas.

Una de ellas era la de conseguir ayuda para combatir la criminalidad ligada al narcotráfico, un problema que ha aumentado fuertemente en Ecuador y para el que no parecen haber soluciones mágicas.

Poco antes de volar a Washington D.C., Lasso aseguró que para ganar la batalla contra el narcotráfico su país necesita 5.000 millones de dólares, y deslizó que ese dinero se lo iba a pedir a Biden. “Creo yo que es justo compartir la factura”, sostuvo, porque si bien “la batalla se realiza aquí, los beneficiarios no son solo los jóvenes y niños ecuatorianos, sino también los jóvenes y niños de Estados Unidos”.

¿Es buena idea?

“Si bien el país ha tenido un proceso lento pero progresivo de recuperación económica, no es un secreto que los recursos son muy limitados. Por ello, hay que buscar ayuda y si algo destacamos de la gestión del gobierno actual, es su reconexión con la cooperación internacional”, dice a Deutsche Welle Robert Helbig, representante de la Fundación Konrad Adenauer en Perú y Ecuador.

“Eso significa que, en momentos difíciles, pedir apoyo a países amigos puede representar un cambio relevante en el tablero”, agrega.

Problema geográfico

Ecuador tiene un problema geográfico con el que deberá lidiar por siempre: se encuentra entre Colombia y Perú, dos de los mayores productores de cocaína del planeta.

“Más del 70% de la producción de cocaína colombiana sale por el Andén Pacífico Colombo Ecuatoriano, afectando necesariamente a las provincias de Guayas, Esmeraldas y Carchi”, explica a DW John Marulanda, columnista, experto en defensa y coronel en la reserva del Ejército colombiano. A su juicio, la ayuda de Estados Unidos es necesaria para enfrentar este tipo de criminalidad.

¿Por qué? “Porque participan muy activamente los carteles mexicanos y las mafias europeas”, explica. Para él es cosa de tiempo “para que veamos un intercambio militar, de inteligencia, para combatir estos grupos”.

“Ejemplos en la región ilustran que el apoyo de Estados Unidos en esta materia es viable, lo que a la vez permite identificar los errores que se cometieron en esos procesos y no repetirlos. La efectividad de un apoyo internacional no se agota únicamente en la obtención de recursos y apoyo técnico, exige imperativamente que los poderes del estado asuman su responsabilidad”, añade Helbig.

La responsabilidad de EE.UU.

Estados Unidos ha prestado ayuda a distintos países de la región para enfrentar el narcotráfico. El ejemplo más notorio es el de Colombia, pero el apoyo de la potencia norteamericana se ha desplegado también fuertemente en México Bolivia (de donde Evo Morales la expulsó en 2008).

“Estados Unidos es el principal consumidor global de estupefacientes, particularmente de cocaína. Por supuesto que son los mayores responsables, sin descontar en esta responsabilidad a Europa, que también tiene unos altos índices de consumo”, dice Marulanda, que explica que la posibilidad de que Colombia compre aviones estratégicos a Suecia o Francia y no a EE.UU. podría llevar a Washington a mirar con mejores ojos a Ecuador.

“Es difícil señalar responsabilidades exclusivas”, estima Helbig. “Pero sí es cierto que en los problemas internacionales hay una corresponsabilidad de toda la comunidad internacional y, como tal, demandan una colaboración externa. En materia de narcotráfico, hay responsabilidad de los países productores de controlar la producción, así como en países consumidores de fomentar políticas que la prevengan”, sostiene.

Y sobre la posibilidad de que otros países tomen el ejemplo ecuatoriano y también pidan dinero a Estados Unidos para este tema en particular, Helbig estima que habría que analizar caso a caso, pero “en general, estos son elementos que pueden marcar un punto de partida”.

Por Matías Vega

Fuentes: biobiochile.cl / dw.com