Matamoros, México, está en el ojo del huracán tras el asesinato de dos ciudadanos estadounidenses. Pero esta ciudad fronteriza históricamente ha sido un epicentro para el crimen organizado y la violencia asociada.

Las autoridades mexicanas y estadounidenses se han movilizado en contra del grupo criminal Los Escorpiones, asociado al Cartel del Golfo, quien ha sido vinculado con el secuestro y asesinato de dos ciudadanos estadounidenses y una mexicana el pasado 3 de marzo en Matamoros.

Tal ha sido la presión y la tensión diplomática entre ambos países, que el grupo criminal dejó una carta en la que se disculpó por los hechos y entregó esposados a cinco de sus miembros que presuntamente participaron en el secuestro. 

El gobierno de la ciudad también suspendió a tres trabajadores de la oficina de Protección Civil por su presunta complicidad en los hechos, ya que una ambulancia de la institución habría sido utilizada para que el grupo transportara a las víctimas. 

Matamoros y las ciudades aledañas han sido testigos de constantes actos de violencia que no necesariamente reciben la misma atención. La ciudad colinda con Brownsville, Texas, por lo que es uno de los cruces más concurridos para traficar cocaínametanfetaminafentaniloarmas y contrabando.

Y aunque este es un contexto que se repite en todas las ciudades de la frontera entre México y Estados Unidos, Matamoros tiene uno de los panoramas criminales más complejos en el estado nororiental de Tamaulipas.

El espiral de violencia del Cartel del Golfo

El control del Cartel del Golfo sobre el cruce de Matamoros-Brownsville se remonta a la década de 1930 y a un contrabandista de whisky llamado Juan Nepomuceno Guerra. Los familiares de Guerra mantuvieron el control sobre el contrabando a través del Río Bravo durante varios años y el nombre del Cartel del Golfo se estableció en la década de 1980.

Sin embargo, el Cartel del Golfo ya no es un grupo unificado. Las capturas y muertes de sus líderes, así como las interminables disputas con Los Zetas y sus herederos, el Cartel del Noreste, han forzado al grupo a reconfigurarse en una franquicia. Hoy en día es una red de células con presencia en varias ciudades de Tamaulipas y estados cercanos, que constantemente fluctúan entre alianzas y disputas.

Matamoros no ha sido ajeno a este ciclo de violencia. De acuerdo con un documento presuntamente filtrado desde la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA, por sus iniciales en inglés) y compartido por varios medios mexicanos, la presencia del Cartel del Golfo en la ciudad está a cargo de José Alfredo Cárdenas Martínez, alias «El Contador», quien fue arrestado en la Ciudad de México en febrero de 2022.

Cárdenas Martínez es uno de los últimos vínculos con el liderazgo tradicional del Cartel del Golfo, ya que es sobrino de Osiel Cárdenas Guillén. Este último fue uno de los narcotraficantes más buscados antes de su arresto en Matamoros en 2003 y su extradición a Estados Unidos en 2007.

El gobierno de Estados Unidos vincula a el Contador con el liderazgo del Cartel del Golfo desde 2015. Además de su proceso en México, tiene una acusación en el Distrito Sur de Texas por cargos de tráfico de cocaína, heroína y fentanilo. 

Se especula que su sustituto será José Alberto García Vilano, alias “Kena” o “Ciclón 19”, a quien se le vincula directamente con el secuestro de los ciudadanos estadounidenses.

Estructura del Cartel del Golfo según un documento presuntamente filtrado por la DEA. Crédito: Milenio

García Vilano presuntamente controla a Los Escorpiones y a sus aliados Los Ciclones en Matamoros. De ser cierto, esto ilustraría el típico control geográfico localizado que tienen las células del Cartel del Golfo. Por ejemplo, según una investigación de InSight Crime en 2021, en la ciudad de Reynosa opera otra facción, Los Metros, que anteriormente ha mantenido enfrentamientos violentos con Los Escorpiones.

Hacia el este y el sur de Tamaulipas tienen presencia Las Panteras y Los Rojos, dos células menores que controlan el tráfico de migrantes. Mientras tanto, en otros estados del país operan otras células que se identifican con el Cartel del Golfo, como Los Pelones en Quintana Roo y el Grupo Sombra en San Luis Potosí y Veracruz.

“Aunque [estas facciones] puedan pertenecer a grupos transnacionales, tienen sus propios intereses a nivel local, sus propias lógicas delictivas y su propia agenda […] lo que genera nuevos conflictos”, dijo a InSight Crime Marisol Ochoa, profesora de la Universidad Iberoamericana de México y analista de las dinámicas de seguridad en Tamaulipas.

Esto quedó evidenciado en junio de 2021, cuando Los Ciclones y Escorpiones se enfrentaron a Los Metros en Reynosa, presuntamente por el control del puente internacional, dejando alrededor de 15 muertos en un solo día. Posteriormente, los grupos declararon una tregua, que parece haber disminuido los enfrentamientos entre ellos. 

Para Ochoa, esta inestabilidad se ha vuelto cíclica. El que haya grupos menores también significa que los cambios de liderazgo son frecuentes, lo que obliga a los grupos delictivos a constantemente ajustar su manera de gestionar negocios ilícitos.

Actualmente, las facciones del Cartel del Golfo también resisten la entrada del Cartel del Noreste, que opera de manera más unificada y controla la ciudad de Nuevo Laredo.

Corrupción enraizada

La supuesta complicidad de funcionarios de Protección Civil en el secuestro es solo la punta del iceberg de la relación entre bandas delictivas con instituciones públicas locales en Matamoros.

“Es un ejemplo de una red muy local y cotidiana que es representativa de situaciones de mayor calado, como la cooptación del campo político y de seguridad”, señaló Ochoa. 

El contexto criminal en Tamaulipas históricamente ha estado caracterizado por la relación simbiótica entre actores criminales y agentes del estado.

En 2021, el alcalde de Matamoros, Mario López Hernández, presuntamente pagó un salario mensual de US$500 a Evaristo Cruz Sánchez, alias «El Vaquero», cabecilla del Cartel del Golfo. La investigación fue publicada por El Universal y se basó en información compartida mediante la Plataforma Nacional de Transparencia. El alcalde negó las acusaciones.

A nivel estatal, ya se ha acusado a dos de los últimos cuatro gobernadores –Tomás Yarrington y Francisco Cabeza de Vaca– de haber tenido nexos con el Cartel del Golfo y Los Zetas. Ambos exgobernantes presuntamente obtuvieron sobornos a cambio de permitir la expansión de los grupos delictivos por el estado.

«Tamaulipas es un estado en el que no hay justicia… todos sus exgobernadores enfrentan procesos judiciales», dijo Guadalupe Correa-Cabrera, investigadora de dinámicas criminales en México, en una reciente entrevista con Radio Fórmula.

Las fuerzas de seguridad del estado también han estado involucradas. El ayuntamiento de Matamoros, por ejemplo, perdió el control de la policía municipal  –que pasó a manos del gobierno del estado de Tamaulipas– en septiembre de 2020, tras supuestos nexos con organizaciones delictivas.

“A pesar de que la localidad de Matamoros es pequeña, evidencia que hay un alto espesor de complicidades y redes [entre grupos delictivos y el estado]”, concluye Ochoa.

Sin nuevas estrategias

En 2018, las ciudades de Tamaulipas dominaron los rankings de los lugares más violentos de México. Desde entonces, los homicidios han disminuido. Aunque podría tratarse de nuevas estrategias de seguridad, es probable que ocurra a causa de que grupos criminales como el Cartel del Noreste y las facciones del Cartel del Golfo implementen acuerdos locales.

Y las explosiones de violencia, como en el caso de Reynosa en 2021, sugieren que estos escenarios son frágiles.

De acuerdo con Ochoa, cualquier cambio en las dinámicas políticas o de seguridad suele tener repercusiones.

El ejemplo más reciente a lo largo de la frontera tamaulipeca ocurrió en marzo de 2022 en Nuevo Laredo. Tras el arresto e inmediata extradición a Estados Unidos de Juan Gerardo Treviño Chávez, alias «El Huevo», líder del Cartel de Noreste, varios integrantes del grupo bloquearon calles, cruzaron disparos con las fuerzas de seguridad y atacaron edificios, incluyendo el consulado estadounidense.

Unos meses después, en junio de 2022, el arresto del hijo de el Contador, Víctor Hugo Téllez, alias “El Chaparro”, ocasionó episodios de violencia similares en Matamoros.

Esto pone en perspectiva la respuesta inusual de Los Escorpiones: pedir disculpas y entregar a sus integrantes. Podría ser un intento por minimizar las posibilidades de una respuesta importante por el gobierno y evitar una cacería de sus miembros.

Por Victoria Dittmar

Fuente: insightcrime.org